La captura de Nicolás Maduro por fuerzas militares estadounidenses el sábado 3 de enero, dio por finalizado de manera abrupta el periodo más represivo de la historia de Venezuela. Fueron casi 13 años de una dictadura que transformó a un país con una de las democracias más estables de América Latina, en un Estado fallido.
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Las calles venezolanas se tiñeron de sangre de forma recurrente durante el régimen de Maduro. Entre 2013 y 2018, al menos 215 personas murieron en el contexto de manifestaciones antigubernamentales, según documentó la ONG Provea. En 2019, otras 67 personas fueron asesinadas durante y después de las manifestaciones. Y en 2024, 25 personas más perdieron la vida en apenas cuatro días de protestas postelectorales.
Es decir, durante las dos décadas anteriores que comprendieron los gobiernos de Carlos Andrés Pérez, Rafael Caldera y Hugo Chávez, murieron en protestas 77 personas, cifra que triplicó Nicolás Maduro en sus primeros seis años de gobierno.
Cuando Maduro heredó el poder tras la muerte de Hugo Chávez en marzo de 2013, Venezuela ya mostraba señales de deterioro en materia de derechos humanos. Pero lo que vino después superó las peores proyecciones: Fueron más de 300 asesinatos de civiles en protestas, 18.600 detenciones por motivos políticos, 2.500 arrestos en menos de 15 días y hasta una veintena de presos murtos bajo custodia
El periodo más represivo en la historia de Venezuela
Desde 2014 se produjeron al menos 18.612 detenciones por motivos políticos. Miles de venezolanos han pasado por las cárceles del régimen acusados de delitos como “traición a la patria”, instigación al odio, terrorismo, o simplemente por expresar críticas en redes sociales.
Casi una veintena de presos políticos han muerto bajo custodia estatal desde que Maduro llegó al poder; algunos por falta de atención médica, otros en circunstancias nunca esclarecidas. Sin embargo, Nicolás Maduro siempre negó la existencia de presos políticos insistiendo en que todos eran “terroristas”, “golpistas” o “mercenarios al servicio del imperio”.
Además, más de 9.000 personas aún viven con medidas restrictivas de libertad impuestas de manera arbitraria, por ejemplo, prohibiciones de salida del país, presentaciones periódicas en tribunales y arresto domiciliario.
Estos números implacables documentan una de las mayores catástrofes humanitarias, económicas y políticas que ha vivido la región. Organismos internacionales como la ONU, el Fondo Monetario Internacional y decenas de organizaciones de derechos humanos han construido durante más de una década un registro exhaustivo de lo que significó la era Maduro para los venezolanos.
Una crisis sin precedentes
Nicolás Maduro se mantuvo en Miraflores por más de una década pese a haber generado la peor crisis humanitaria y económica de la historia venezolana, al éxodo de millones de ciudadanos y a repetidas presiones de la oposición, organismos internacionales y de otros países para ceder el poder ante denuncias de autoritarismo, totalitarismo, violaciones de DDHH y crímenes de lesa humanidad.
Ocho millones de personas han abandonado el país según datos oficiales de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, es decir, casi el 30% de la población que tenía Venezuela cuando Maduro llegó al poder.
Este éxodo es la segunda mayor crisis migratoria del mundo contemporáneo, solo superada por Siria, un país en guerra desde 2011. Venezuela, que nunca estuvo en guerra, expulsó a casi un tercio de su población.
Pese a tratarse del periodo más represivo en la historia de Venezuela, ésta no sólo se limitó a las calles y las cárceles. La libertad de prensa, un termómetro esencial de cualquier democracia, fue sistemáticamente desmantelada.
La prensa: ¿El peor enemigo de Maduro?
Tras el acceso de Maduro al poder, las medidas gubernamentales contra la pluralidad de los medios se acentuaron dramáticamente. Durante este periodo se registró la desaparición de las ediciones impresas de más de 100 periódicos, un estrangulamiento sistemático de la prensa libre e independiente.
En la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2025 elaborada por Reporteros Sin Fronteras, Venezuela ocupó el puesto 160 de 180 países. Es decir, solo 20 países en el mundo tienen peor libertad de prensa, y, en América Latina, únicamente Cuba (165) y Nicaragua (172) están por debajo de Venezuela.
Según los registros históricos de la ONG Espacio Público, al cierre de 2024 se contabilizaron al menos 300 emisoras de radio clausuradas desde el año 2003, pero el grueso de esta ofensiva ocurrió durante la gestión de Nicolás Maduro.
Sólo entre 2013 y 2022 se documentaron 285 cierres, lo que representó el 71% del total de medios de comunicación extintos desde la llegada del chavismo a Miraflores.
Al final sólo hubo socialismo y muerte…
Según la base de datos de Perspectivas de la Economía Mundial del FMI, la economía venezolana de 2024 representó apenas el 28% de lo que era en 2013. Es decir, casi tres cuartas partes de la economía se contrajo en poco más de una década, siendo uno de los colapsos económicos más severos jamás registrados.
El propio Banco Central de Venezuela reconoció en 2019 que la economía había perdido más de la mitad de su tamaño en solo cinco años. Entre el tercer trimestre de 2013 y el mismo periodo de 2018, el PIB cayó un 52.3%.
Por su parte la última Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI), el 86.9% de la población venezolana vive en situación de pobreza, lo que se traduce en que casi nueve de cada diez venezolanos no tienen ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas.
De igual forma la Encuesta Nacional de Hospitales reportó que el desabastecimiento de insumos básicos en salas de emergencia alcanzó un 70%: No hay guantes, jeringas, anestesia; cientos de quirófanos se mantienen cerrados por falta de equipos; los pacientes deben llevar sus propios medicamentos, vendas, suero.
La mortalidad infantil y materna aumentó dramáticamente. Enfermedades que se creían erradicadas, como el sarampión, la difteria, la malaria, reaparecieron. Al final, no hubo patria, solo socialismo y muerte.











