Yoalbert González llevó a su madre a una cita de inmigración en diciembre, pero fue detenida y, semanas después, deportada a Venezuela, como ha sucedido con miles de personas de su país durante el segundo mandato del presidente Donald Trump.
González, quien trabaja como conductor de reparto en Fort Worth y tiene 34 años, llegó a la frontera estadounidense en 2021 en busca de asilo y temía correr la misma suerte, por lo que decidió abandonar el país de manera voluntaria.
Nota de The New York Times
Pero pronto descubrió que marcharse no era tan sencillo como reservar un vuelo.
A muchos venezolanos, incluido González, se les confiscaron los pasaportes al entrar en Estados Unidos, en virtud de una antigua política federal para acelerar la deportación en caso de que se les denegara el asilo, lo que les impide volar a casa.
Las autoridades venezolanas exigen un pasaporte válido o un documento de viaje expedido por el gobierno para ingresar al país por vía aérea. Este documento solo está disponible en Caracas, la capital de Venezuela, o en consulados selectos de América Latina, que se han visto desbordados por este tipo de solicitudes.
Esto hace que sustituir el pasaporte sea casi imposible para muchos de los casi 700.000 venezolanos que han llegado a Estados Unidos desde 2019. Aunque el gobierno estadounidense restableció recientemente los lazos diplomáticos con Venezuela, la embajada venezolana en Washington sigue cerrada al público y no hay consulados venezolanos abiertos en Estados Unidos para expedir documentos de viaje.
El proceso para obtener un permiso de viaje también puede resultar engorroso y costoso. Un familiar directo debe solicitar el documento en persona en Caracas y presentar a las autoridades un itinerario de viaje y una carta en la que se detallen los motivos del solicitante para regresar.
Algunos venezolanos desesperados se han arriesgado a viajar en embarcaciones peligrosamente abarrotadas para llegar a Sudamérica, porque no pueden viajar en avión. Las autoridades panameñas dicen que más de 20.000 personas tomaron embarcaciones a través de sus aguas en el año transcurrido desde que Trump regresó al poder. La gran mayoría eran venezolanos.
Una de las razones por las que los venezolanos dicen que abandonan voluntariamente Estados Unidos es su temor a ser deportados sin sus hijos, o a pasar largos periodos detenidos si son apresados.
“Yo vi que muchas personas fueron a sus citas y las dejaban detenidas. Y después le pasó a mi mamá. Fue una impotencia y pensé que me podía pasar a mí”, dijo González, quien recibió autorización para vivir y trabajar en Estados Unidos mientras su caso de asilo estaba pendiente.
También se le concedió el Estatus de Protección Temporal, o TPS, por su sigla en inglés, que se ha otorgado a ciudadanos de países designados que experimentan agitación u otras condiciones adversas. El gobierno de Trump eliminó esta protección para más de medio millón de venezolanos el año pasado, una medida que sigue siendo objeto de litigio, pero que ha puesto fin al estatus para muchos.
Estados Unidos y Venezuela han estrechado sus relaciones tras la captura en enero del presidente Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses. Ahora, mientras Washington restablece las relaciones diplomáticas con Delcy Rodríguez, la dirigente en funciones en Venezuela, muchos venezolanos esperan que se solucione el problema de los viajes.
Según Oliver Blanco, diplomático venezolano, la misión diplomática del país en Estados Unidos está de nuevo bajo su control y “el equipo en Washington trabajará de forma progresiva en el registro de venezolanos en Estados Unidos, con el fin de identificar sus necesidades consulares y retomar los trámites tan pronto como las condiciones técnicas, operativas y logísticas lo permitan”.



