Los productores de arroz en Venezuela continúan denunciando las preferencias que se otorgan al rubro importado en detrimento del nacional. El pasado 24 de agosto atracó un buque supuestamente procedente de Brasil con 15.000 toneladas de arroz paddy y 15.000 toneladas de azúcar refinado, “favoreciendo a industriales chinos”, según dijo una fuente.
La persona, quien prefiere resguardar su identidad por temor a represalias gubernamentales, detalló que el barco atracó en el puerto de Guaranao, en Paraguaná, “lo cual es inusual y permite evadir la opinión pública e intentar pasar desapercibido para los productores y la industria”, relató.
Con información de El Tiempo
La fuente también señaló que descargar en Paraguaná “encarece de manera injustificada el flete, porque normalmente este tipo de barcos descarga en Puerto Cabello”.
Una de las principales preocupaciones de los productores de arroz, y ahora también de azúcar, es que las empresas chinas “seguirán produciendo arroz con materia prima barata y empaquetando azúcar refinada”.
El origen del arroz podría ser Guyana, aunque el documento al que tuvo acceso este diario declara que proviene de Brasil.
Según este mismo documento, la nave Mv Knidos-M estaba en maniobra de atraque hacia el complejo de silos, puesto de atraque 31. Además, se evidencia que los clientes embarcados son Proalca C.A. y Xien Shen Ali C.A.
El paso a paso de la asfixia a la industria arrocera: normativas a medida
La distorsión del mercado local no es casual: responde a un entramado administrativo que desarmó sistemáticamente la competitividad del productor interno a través de varias etapas bien definidas:
Precios fijados a pérdida indirecta: El punto de partida se dio en marzo de 2026, cuando el entonces ministro de Agricultura, Julio León Heredia, decretó el precio del arroz húmedo nacional en 480 dólares por tonelada (0,40 dólares por kilo). Esta medida obligó a la agroindustria tradicional a procesar inventarios con una materia prima de costo rígido.
Permisología preferencial: Simultáneamente, un círculo exclusivo de corporaciones obtuvo autorizaciones especiales para traer grano del exterior a un costo base de 380 dólares por tonelada, beneficiándose además de un decreto de exoneración total de IVA y aranceles (0 por ciento).
La brecha insalvable: Esta maniobra abrió una brecha de 100 dólares por tonelada en contra del agro venezolano. Mientras cultivar una hectárea en el país exige inversiones cercanas a los 2.000 dólares (elevando los costos operativos a 600-630 dólares por tonelada acondicionada), el producto extranjero ingresa con fletes y aranceles limpios a un costo muy inferior.
Rechazo y desplome del valor local: Con los anaqueles y depósitos inundados de mercancía barata importada, las plantas procesadoras cerraron la recepción de las cosechas locales. La saturación forzó un recorte arbitrario del 35 por ciento en el pago al productor, hundiendo la cotización real de la cosecha a escasos 0,30 por kilo.
Además, las preferencias arancelarias no solo afectan al arroz, sino también a productos como harina y refrescos nacionales (a estos últimos se les añade el contrabando desde Colombia).
El mercado cuenta con distintas marcas de harina para hacer arepas y, como los precios son relativamente bajos (menos de dos dólares el kilo), la industria local tiene que mantener esos costos, aun cuando no se adapta a la realidad nacional de precios e inflación.
La mayoría de este arroz viene de China tras acuerdos que ha firmado Caracas con esas naciones.
Importación de azúcar también afecta a productores
Por otro lado, la Federación de Asociaciones de Cañicultores de Venezuela (Fesoca) denunció hace unos días que la importación descontrolada de azúcar provoca una baja en los precios al productor y genera un inventario acumulado de casi 110.000 toneladas de azúcar, una cifra equivalente a dos meses de consumo nacional.
A escala de los centrales azucareros, el precio por kilo comenzó la temporada en un rango de entre 1,21 y 1,30 dólares, para luego caer a los niveles actuales, de entre 0,95 y 1,05 dólares.
El presidente del gremio de productores de caña, José Ricardo Álvarez, aclaró que esta contracción en los precios en origen no se traslada al consumidor final, quien sigue pagando entre 1,70 y 2 dólares por kilo en los establecimientos comerciales. Estos valores implican un margen insuficiente para los cañicultores, reseñó el medio Banca y Negocios.
Con información El Tiempo

