Fabiana Blanco tiene 12 años y pasó 32 horas atrapada bajo los restos del edificio Ritamar Palace en Caraballeda, estado La Guaira, después de que los terremotos del 24 de junio derrumbaran el único hogar que conocía. Su historia, documentada por la BBC en entrevistas con ella y con su madre Karina Blanco, se ha convertido en uno de los relatos más conmovedores de una tragedia que aún no termina de contarse.
Karina impartía una clase de spinning cuando comenzaron los movimientos telúricos. Al comprender la magnitud de lo que ocurría, salió corriendo hacia su vehículo. «Cuando me di cuenta de lo que ocurría, empecé a gritar: ‘¡Mi hija, mi hija!’. Conduje tan rápido como pude», recordó. Al llegar, encontró una escena que no tenía palabras: «Vi un edificio, luego un hueco donde antes estaba el mío y, a continuación, otro edificio».
Con información de BBC Mundo / Monitoreamos
«Pensé que iba a morir»
Fabiana estaba sola en el apartamento cuando sintió el primer sismo. Corrió hacia la cocina y se sujetó de la encimera justo antes de que las paredes comenzaran a derrumbarse. Quedó inmovilizada entre escombros, boca arriba, con el techo a escasos centímetros de su rostro.
«Pensé: ‘Voy a morir. No sobreviviré a esto. Nadie vendrá a rescatarme’», contó la adolescente, quien a pesar de sufrir ansiedad y claustrofobia describe haber encontrado una calma inesperada que la ayudó a resistir las horas siguientes.
Horas después logró comunicarse con una enfermera que también había quedado atrapada. Cuando esta fue rescatada, informó a los voluntarios que había una niña viva bajo los escombros. La noticia le devolvió la esperanza a Karina, que ya comenzaba a prepararse para lo peor.
El kétchup, el queso y el teléfono
Atrapada entre los escombros, Fabiana movió algunos restos de concreto para aliviar la presión sobre una de sus piernas y encontró lo que se convertiría en su único alimento durante las horas de espera. «Encontré un bote de kétchup y un poco de queso rallado. Eso fue lo que me mantuvo consciente», relató.
También localizó su teléfono celular. Sin señal por la caída de las redes de comunicación, grabó un video describiendo su situación y la de los demás vecinos atrapados, con la esperanza de que alguien pudiera verlo.
El voluntario que no se rindió
Varios equipos de rescate evaluaron la situación y consideraron imposible llegar hasta donde estaba la adolescente. Un voluntario identificado como Viktor decidió seguir buscando. Al escuchar su respuesta entre los escombros, alertó a Karina y movilizó a decenas de personas que llegaron con herramientas. Con el tiempo se sumaron equipos de bomberos y rescatistas desde Caracas, que durante la noche abrieron un pequeño túnel para llegar hasta ella.
Las imágenes de ese momento, con Fabiana sonriendo desde un estrecho agujero entre los escombros, recorrieron el país.
Alrededor de las 2:00 de la madrugada del 27 de junio, 32 horas después del terremoto, los rescatistas lograron extraerla con vida.
«Cuando salí, vi a mi familia, vi el edificio completamente derrumbado y sentí como si no fuera real, como si fuera una serie de televisión», recordó.
Un milagro entre la devastación
De las cerca de 50 personas que residían en el edificio Ritamar Palace, solo tres fueron rescatadas con vida. Las autoridades del régimen han confirmado hasta ahora 3.342 fallecidos y casi 17.000 heridos, mientras decenas de miles de personas siguen desaparecidas.
Fabiana salió con una fractura en el pie izquierdo, hematomas y rasguños. Hoy vive con su abuela mientras intenta recuperarse física y emocionalmente. «Al principio me daba miedo acostarme boca arriba, porque recordaba el tiempo que pasé entre los escombros», confesó.
Su madre no necesitó más palabras para resumir lo que siente: «¿Qué más puede desear una madre? Mi hija está viva».



