Aunque durante el 2016, Donald Trump ridiculizó al actual secretario de Estado, Marco Rubio, tildándolo como «el pequeño Marco», pero 10 años después se volvió en su funcionario más cercano y que ha orquestado operaciones tan complicadas y controversiales como las captura del dictador Nicolás Maduro, quien actualmente enfrenta cargos ante la Justicia relacionados al narcoterrorismo.
El exsenador de Florida, de 54 años, dirige cuatro organismos en el gobierno estadounidense. Es la primera persona en ocupar simultáneamente los cargos de secretario de Estado y consejero de seguridad nacional desde Henry Kissinger hace medio siglo. Es además administrador interino de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y jefe en funciones de la Administración Nacional de Archivos y Registros.
Desde la operación inédita en territorio venezolano, que numerosos expertos en derecho internacional calificaron como ilegal, ha sido Rubio el encargado de hablar con la representante actual del régimen, Delcy Rodríguez. Ambos se comunican en español, que Rubio habla con fluidez, según dijo Trump a la cadena NBC.
El secretario de Estado también fue la figura omnipresente que defendió el operativo en los principales medios de noticias estadounidenses.
«Esto no fue una invasión, no ocupamos ningún país…Esto no es Medio Oriente y nuestra misión aquí es muy diferente. Esto es el hemisferio occidental», declaró a la cadena ABC.
Los dramáticos sucesos en Venezuela son la culminación de un proceso de años en el que Rubio, hijo de migrantes cubanos, ha buscado impactar el rumbo de América Latina.
Marcado por su entorno
Los padres de Rubio salieron de Cuba en busca del «sueño americano». Emigraron a Estados Unidos en 1956, tres años antes del ascenso de Fidel Castro y el establecimiento de un gobierno comunista en la isla. Su padre era camarero de banquetes y su madre camarera de hotel.
Nació en 1971 y seguramente creció escuchando historias de exiliados cubanos que no podían regresar a su patria. Este entorno marcó su carrera política, primero en la Cámara de Representantes de Florida y luego en el Senado en Washington.
«Marco Rubio ha tenido un interés sobre América Latina que va desde su niñez como cubano-americano», señala a BBC Mundo el experto venezolano Alejandro Velasco, profesor de historia en la New York University.
«No sólo ha tenido interés, sino en realidad como un afán, especialmente sobre la pugna ideológica en América Latina entre izquierda y derecha, entre comunismo y capitalismo», señala el experto.
Como senador, no solo influyó sino que fue influenciado por su contexto.
«Las políticas del sur de Florida están marcadas por la diáspora cubano-americana, y en los últimos 15 o 20 años también por un auge de venezolanos saliendo primero desde la época de Hugo Chávez y después en mayores números desde el gobierno de Nicolás Maduro, a partir del 2013».
«Fija su interés en Venezuela»
«Lo que vemos a partir de la primera administración de Donald Trump es que Marco Rubio fija su interés en Venezuela, principalmente como una plataforma para llegar a un último fin, que es el cambio de régimen en Cuba», afirma Velasco.
Y eso se debe, según el experto, a dos razones.
«Primero, porque especialmente con el entorno de venezolanos expatriados en Estados Unidos y en otras partes del mundo, se crea la narrativa de que el gobierno de Maduro es muy débil».
«Pero también lo que tiene Venezuela es un gobierno en el exilio. A partir del 2019 hubo un intento por crear ese gobierno paralelo al de Maduro bajo el liderazgo de Juan Guaidó, que era asambleísta opositor en Venezuela. Recayó sobre él la idea de que iba a ser quien impulsara este empujoncito que iba a hacer caer al régimen de Maduro. Eso resultó ser ficticio».
Ni Obama ni Trump mostraron interés en una acción bélica en Venezuela. Incluso en el comienzo del segundo período de Trump, su estrategia inicial fue negociar con el régimen. El enviado especial de EE.UU., Richard Grenell, visitó Caracas a fines de enero de 2025 y obtuvo la liberación de estadounidenses de cárceles venezolanas.
El cambio de estrategia se produjo cuando Rubio concretó lo que Velasco describe como «uno de sus mayores logros»: hacer confluir en torno a Venezuela los intereses de actores dispares y clave del gobierno estadounidense.
Cerco a Maduro
En el segundo mandato de Trump, Rubio no solo obtuvo como secretario de Estado mucha más influencia.
«Posicionarse como consejero de seguridad nacional le da acceso no solamente a la plataforma diplomática, sino también a todo el cuerpo militar y de inteligencia de Estados Unidos», afirma Velasco.
Rubio pasó los meses previos a la operación del 3 de enero elaborando la estrategia hacia Venezuela en reuniones en la Casa Blanca con Stephen Miller, según fuentes citadas por CNN. Miller, de posición ultraconservadora, es consejero para la política interna, jefe adjunto de gabinete en la Casa Blanca y el creador de la estrategia migratoria del gobierno.
El cerco a Maduro se fue estrechando progresivamente.
En julio, el Departamento de Estado incluyó en su lista de organizaciones terroristas extranjeras al cartel de los Soles, un supuesto grupo narcotraficante dirigido, según EE.UU., por Maduro. (La acusación fue retirada esta semana y no figura entre los cargos contra el exlíder venezolano).
En agosto se duplicó a US$50 millones la recompensa por la captura de Maduro. Y ese mismo mes comenzó el despliegue de buques estadounidenses en el Caribe.
Ahora, tras la captura de Maduro, un grupo de altos funcionarios de confianza de Trump estará a cargo de la estrategia estadounidense en Venezuela.
Sus miembros son, además de Rubio y Miller, el secretario de Defensa, Pete Hegseth y el vicepresidente J. D. Vance.
«Cada uno aporta capacidades diferentes», dijo Trump en una entrevista emitida el lunes en la cadena de televisión NBC.
Quien liderará ese grupo bajo «la guía de Trump» será Marco Rubio, según declaró Miller este lunes a la prensa local.











