Las visitas a Venezuela por parte de funcionarios de Estados Unidos, como el Jefe del Comando Sur y Director de la CIA, además de los rumores de que el presidente Donald Trump visite el país, no son señales de reconocimiento político para el régimen que lidera Delcy Rodríguez, ni tampoco de normalización diplomática.
El comandante retirado de la Marina de los EE. UU. con más de 30 años de servicio en inteligencia, defensa y seguridad nacional, José Gutiérrez, considera que estas visitas son advertencias para que se cumpla la transición política y democrática tras la captura del dictador Nicolás Maduro el pasado 3 de enero.
No hay legitimación, es supervisión.
“La verdad que lo que significa claramente es que los estamos observando que cumplen con los dictados que se les están entregando y que ejerzan ese poder temporal que tienen con mucha cautela, que no haya sangre en n las calles. Por eso se les permitió quedarse ahí”, detalla quien fue partícipe de la extracción de Manuel Noriega en Panamá en diciembre de 1989.
El analista señala que el orden de las visitas que se están dando no es producto de la casualidad, aunque considera que no ve pronto a Trump en Venezuela.
“Eventualmente, cuando sea el momento propicio, es muy posible que el presidente Trump decida ir. Pero no veo por ahora, de ninguna manera, que vaya en estos momentos, y francamente yo no creo que vaya a ir antes de que haya una transición democrática, porque sería como un poco difícil, ¿Cómo va uno a interpretar eso, de que va un presidente de Estados Unidos vaya a visitar a un grupo interino corrupto. Yo no creo que eso pase, pero es mi opinión, no es un hecho”.
Advertencias sin café
“El primero que visitó Venezuela, sí, fue el jefe de la CIA precisamente, porque la CIA ha estado, y continúa, empleando equipos profesionales, técnicos, para garantizar los varios aspectos de la economía y el funcionamiento de la seguridad de Venezuela, ¿verdad?”.
Gutiérrez explica que no se trata de una operación improvisada, todo cumple un propósito en jerarquías y tiempos.
“No es que nosotros hayamos empezado a hacer inteligencia en Venezuela para esto recientemente. Se te tiene décadas haciéndolo, se sabe quién es quién”, agrega, aclarando que esa información es clave para una transición sin fractura interna.
“Se tiene que coordinar que haya un cambio militar de jefes, es primeramente tener la inteligencia adecuada de quiénes son, o sea, en blanco y negro quiénes son los monos y quiénes son los marranos, ¿no? Porque toda esa gente que está en la cúpula va a tener que entregar paulatinamente el poder, sin dramas, sin crisis, sin sangre”, detalla, y asegura que la visita del jefe del Comando Sur refuerza esa línea.
“Tanto el jefe de la CIA como el jefe del comando sur, no van a visitas diplomáticas, o sea, no es que se vayan a sentar y hablar diplomáticamente y compartir café. ¡Que va!, estoy seguro, cien por ciento seguro que no había ni agua, quizás agua en esa mesa, pero aparte de agua no había nada más”.
“Estas son visitas de advertencia y visitas de coordinación para que entiendan que los más altos grados militares precisamente o de o de inteligencia o de la ley están observando todo lo que está pasando y todas las decisiones que ellos están haciendo. Eso es el ímpetu y la razón de esas visitas”.
Y asegura que aunque EE. UU. haya capturado a Nicolás Maduro y el régimen está siguiendo instrucciones, la presión no es simbólica.
“Por mucho que no se haga ruido ahora del grupo naval que tenemos en el Caribe, seguimos igual ahí con la misma fuerza, con portaaviones o sin portaaviones. Esa fuerza sigue ahí en el Caribe, apuntándole a Venezuela”.
Y si alguien se desvía, la advertencia es directa: “Si hemos ido por Maduro, fácilmente el próximo puede ser (Vladimir) Padrino, si él se desvía o puede ser Diosdado”, afirma, aunque explica que no cree que “francamente sea un una extracción como la de Maduro, para mí sería con las fuerzas que tenemos ahí, básicamente le mandan un misil esté donde esté, en su casa, en su búnker o en las barracas”.
Orden antes que democracia
Mientras fuera del país se proyecta la idea de que Venezuela avanza, dentro la percepción puede ser distinta, pues los actores solo han cambiado de rol, por lo cual Gutiérrez pide paciencia, pero con cálculo estratégico.
“Es más fácil decir tengan paciencia, ¿verdad? Y lo dicen con sentido, ¿no? Porque, inclusive para mí personalmente, me hubiera gustado que lleváramos a María Corina (Machado) y que ella izara la bandera y celebrara, ¿no? Pero eso hubiera sido un desastre espantoso, de sangre y violencia”.
Para él, la secuencia es clara. “Antes de que haya democracia, tiene que haber orden, ¿no? Por supuesto, porque la democracia viene después del orden”.
Aquí aparece el dato clave y respuesta a una pregunta que muchos venezolanos tanto dentro y fuera de las fronteras del país sudamericano se han hecho. ¿Cuándo cambiará el régimen por un gobierno realmente democrático?
“Yo diría que una transición para poder llegar a elecciones legítimas, yo le doy un marco entre 12 a 18 meses, contando el tiempo que ya ha pasado desde el 3 enero tres. Máximo dieciocho meses, ese es la línea de tiempo que yo le doy”.
Puede que esa respuesta no sea la que más de ochos millones de venezolanos en el exilio quieran escuchar, así como los otros tantos en el país. Pues no habla de semanas. Habla de un proceso que puede extenderse hasta un año y medio, pero Gutiérrez confía en que el relevo interno sea organizado.
“Yo estoy confiado de que la transición de poderes dentro del ejército se haga, de las fuerzas militares, se va a hacer de manera bastante organizada”, continúa antes de admitir un riesgo latente.
“Lo que sí tengo temor es, ¿qué pasa con todas esas motocicletas con ametralladoras? Que es gente asesina, ¿no? Gente torturadora. Ese es el verdadero problema”, expresa refiriéndose a los colectivos alineados a la “idea” chavista.
Los colectivos en Venezuela surgieron a comienzos de la década de 2000, durante el gobierno de Hugo Chávez, como organizaciones de base comunitaria vinculadas al proyecto bolivariano, aunque con el tiempo varios derivaron en estructuras armadas de control territorial. Se presume que operan con armas cortas, fusiles de asalto, ametralladoras y motocicletas para desplazamiento rápido. Organizaciones de derechos humanos los han señalado por su participación en la represión de protestas, con denuncias que los vinculan a homicidios y ataques contra manifestantes, especialmente en las crisis de 2014, 2017 y 2019.



