Al cumplirse un mes del doble terremoto del 24 de junio, la organización Realidad Helicoide presentó una reconstrucción detallada de las instituciones y autoridades que, según sus competencias constitucionales y legales, debían liderar la respuesta estatal ante una emergencia de esa magnitud, y no lo hicieron.
La organización sostuvo que la respuesta institucional estuvo marcada por ausencia de coordinación, demora en la toma de decisiones, colapso de los servicios esenciales y falta de una estrategia nacional capaz de movilizar con rapidez los recursos humanos, logísticos y técnicos que exigía el desastre. Durante las primeras 72 horas, consideradas internacionalmente como la ventana más crítica para localizar sobrevivientes, predominó la ausencia de una conducción unificada de las operaciones de emergencia.
Los nombres señalados
Realidad Helicoide identificó a la encargada del régimen, Delcy Rodríguez, como responsable de asumir la dirección política de la emergencia mediante la declaración de un estado de excepción, la coordinación interinstitucional y la movilización extraordinaria de recursos nacionales e internacionales.
Entre los funcionarios señalados figuran también el gobernador del estado Vargas, José Alejandro Terán; el alcalde del municipio Vargas, José Manuel Suárez; el ministro del Interior Diosdado Cabello; el ministro de Defensa Gustavo González López; el ministro de Salud Carlos Alberto Alvarado González; el almirante Juan Carlos Oti Paituvi, de Protección Civil; y el doctor Juan Carlos González, de los Cuerpos de Bomberos.
La denuncia también apunta a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y a las empresas públicas Corpoelec, Hidrocapital y Cantv, cuya operatividad en electricidad, agua potable y telecomunicaciones era indispensable para sostener las labores de rescate, y que tampoco respondieron con la rapidez que exigía la situación.
El Estado ausente y los ciudadanos presentes
Entre los señalamientos más graves documentados por la organización figuran la demora en la activación de los mecanismos nacionales de gestión de riesgos, la insuficiente movilización de equipos especializados de búsqueda y rescate, el retraso en el despliegue de maquinaria pesada, las fallas prolongadas en los servicios públicos y la limitada capacidad hospitalaria para atender a los afectados.
Mientras la estructura estatal permanecía sin respuesta efectiva, gran parte de las labores iniciales de rescate recayó sobre ciudadanos, voluntarios, comunidades organizadas y equipos internacionales.
«Los terremotos son fenómenos naturales. La forma en que responde un Estado frente a ellos no lo es», sentenció Realidad Helicoide.

