El analista económico y presidente de Inter American Trends, Antonio de la Cruz, analiza el nuevo acuerdo energético entre Estados Unidos y la representación de Venezuela, el régimen de Delcy Rodríguez. Asegura que bajo la coyuntura actual de la geopolítica, existen acuerdos económicos que, bajo ciertas condiciones, dejan de ser solo negocios, para convertirse en decisiones geopolíticas.
De la Cruz cuestiona el acuerdo fuera de la mirada que tiene la mayoría, la cual es la opacidad sobre lo que se firmó entre EE. UU. y Venezuela. El experto analiza que la Administración del presidente Donald Trump estaría interesada en construir un equivalente energético de lo que construyó en Panamá hace más de un siglo.
“Para entenderlo, tenemos que regresar a 1903. Estados Unidos estaba emergiendo como potencia mundial y tenía un problema estratégico. Necesitaba conectar rápidamente el Atlántico con el Pacífico.Panamá ofrecía la solución. Washington apoyó la separación de Panamá de Colombia y obtuvo posteriormente derechos extraordinarios sobre la Zona del Canal. Después llegaron el capital, la ingeniería y la infraestructura estadounidense. En 1914, el canal estaba operativo. Estados Unidos había conseguido convertir la geografía latinoamericana en infraestructura estratégica para su seguridad nacional”, explicó.
Antonio de la Cruz explica que el problema de EE. UU. ya no es conectar dos océanos, sino la reducción de su vulnerabilidad energética en un nuevo escenario mundial marcado por guerras, rivalidades entre potencias e interrupciones repentinas de rutas petroleras.
Ante esta situación, Venezuela se vuelve necesaria. “Las cifras anunciadas alrededor del nuevo acuerdo son extraordinarias. Decenas de miles de millones de barriles vinculados a campos venezolanos, inversiones potenciales gigantescas y una participación estadounidense mayoritaria en la estructura planteada. Pero lo verdaderamente importante no son solamente los números. Es la lógica estratégica detrás de ellos. En Panamá, Estados Unidos necesitaba geografía. En Venezuela se necesita geología”, comparó Antonio de la Cruz.
De la Cruz da como ejemplo que mientras Panamá puede mover barcos entre dos océanos, Venezuela puede movilizar enormes cantidades de petróleo.
“Y aquí aparece la comparación más interesante. En 1903, Washington necesitaba controlar territorio panameño para controlar el activo. En 2026, ya no necesariamente. Hoy el poder puede ejercerse mediante capital, tecnología, operadores, contratos, joint ventures, licencias, infraestructura, comercialización y acceso preferencial. Estados Unidos podría no necesitar controlar un solo kilómetro cuadrado de Venezuela. Le bastaría tener una influencia determinante sobre el sistema que transforma petróleo enterrado en barriles comercialmente disponibles”, señaló el especialista.
De la Cruz señala que para Estados Unidos ya no es necesario el control territorial, sino el funcional, sin embargo existió una complicación dentro del poder blando de Panamá: Durante años existió una sensación de una soberanía incompleta, creció el nacionalismo, cuando llegaron las renegociaciones, Panamá terminó recuperando el control completo del canal.
“Ese precedente debería interesarle enormemente a Washington. Porque el problema venezolano no termina cuando se firme el contrato. Comienza allí. La pregunta fundamental es si un gobierno interino posee suficiente legitimidad política institucional para comprometer activos estratégicos venezolanos durante varias décadas. Un siglo, porque una inversión puede estar perfectamente estructurada financieramente y continuar siendo políticamente vulnerable. Y allí aparece la verdadera paradoja: Si Estados Unidos quiere proteger una inversión energética durante 50 o 100 años, su mejor garantía no puede ser solamente Delcy Rodríguez, la interina, ni Donald Trump, ni una licencia de la FAC, ni siquiera un contrato”, señaló el especialista.
La institución venezolana legítima es la que tiene la verdadera capacidad de sobrevivir a un plazo tan largo, por eso, explica Antonio de La Cruz, que deben existir dos caminos: El primero es el petróleo, control, inversión, producción y renta, el segundo es más completo, el acuerdo, instituciones, Estado de derecho, legitimidad, inversión, producción, confianza y soberanía.
“Ese camino tarda más, pero puede durar generaciones. Y ahí está la gran lección de Panamá. Hace más de un siglo, Estados Unidos convirtió la geografía latinoamericana en una infraestructura esencial para su poder mundial. Hoy podría estar intentando convertir la geología venezolana en infraestructura para su seguridad energética. La diferencia entre una asociación estratégica y una nueva forma de tutela dependerá de una pregunta que ningún Barril puede responder”, explicó.
El especialista reduce este análisis en que Washington necesitaba controlar el Canal en 1903, pero en 2026, no necesita hacerlo para controlar el petróleo.
“Quizás esa sea precisamente la nueva forma del poder en el siglo XXI”, señaló.

