Las exportaciones de petróleo venezolano sufrieron una contracción del 25% durante julio, alcanzando un promedio de 856.000 barriles diarios, el nivel más bajo registrado por la industria energética del país en los últimos cinco meses, según datos de la firma de inteligencia marítima Kpler Ltd y reportes de seguimiento de buques difundidos por Bloomberg.

El principal factor detrás de la caída fue la reducción a la mitad de las compras provenientes de India. Durante junio, las refinerías indias habían incrementado sustancialmente su demanda de crudo pesado venezolano de menor costo. La normalización progresiva de los suministros globales moderó ese apetito.

Un elemento clave en esta reconfiguración fue la evolución del conflicto en Oriente Medio: al entrar la guerra en su sexto mes, la apertura de rutas marítimas alternativas liberó millones de barriles que permanecían retenidos en el Golfo Pérsico, restando competitividad a los envíos venezolanos en los mercados asiáticos.

Las cifras de los meses previos también estaban infladas por la salida al mercado de inventarios acumulados durante el período de sanciones estadounidenses. Una vez colocado ese excedente, el flujo de envíos tendió a estabilizarse en volúmenes acordes a la capacidad real de producción.

Con información de Voz NEWS / Bloomberg

Estados Unidos e India lideran, pero China desaparece

En el mapa de destinos, Estados Unidos e India se consolidaron como los principales receptores del crudo venezolano. Washington mantiene la recepción de cargamentos bajo licencias específicas del Departamento del Tesoro que flexibilizan operaciones clave sin eliminar el marco regulatorio.

China, en cambio, ha cortado radicalmente sus transacciones energéticas directas con Caracas. Pekín, que durante años fue el socio comercial número uno de Pdvsa mediante esquemas de pago de deuda, no ha adquirido un solo barril de crudo venezolano desde la captura y extradición de Nicolás Maduro.

La capacidad de Venezuela para sostener sus ingresos petroleros dependerá de la estabilidad de la producción interna y de su competitividad frente a los suministros de Oriente Medio. En un entorno de alta volatilidad geopolítica, el país enfrenta el desafío de consolidar compradores de largo plazo que garanticen un flujo de caja constante para la reconstrucción económica.