A tan solo días de la realización de la farsa electoral en Venezuela, los ciudadanos dudan de las cifras ofrecidas por el Consejo Nacional Electoral (CNE), que además de tener incongruencias, no se reflejan en lo más mínimo en las imágenes capturadas por medios de comunicación y ciudadanos durante la jornada del 25 de mayo.

“Nadie votó”, dijo Pablo Mendoza, tachirense que ni siquiera tuvo interés en saber sobre candidatos y menos sobre los resultados. Se enteró después de quienes fueron asignados como ganadores por el CNE pero no era una prioridad en su día a día tener información al respecto. 

Así como él, Bernardo Duque desconfía de los resultados. A su consideración esa farsa electoral no tenía ninguna validez ni importancia. La catalogó como “una mentira”, porque fueron hechas en un contexto de opacidad, falta de transparencia y sin garantías electorales para quienes se prestaron a participar.

Aunque no votó, sí asistió al centro electoral a ver si había o no gente, pero lo que consiguió fue desolación. La convicción de no votar se debió a que no quería ser cómplice de la consumación del robo de las elecciones del 28 de julio, en la que resultó electo Edmundo González Urrutia como presidente de Venezuela.

Pese a la narrativa oficial de alta participación, los ciudadanos no creyeron en los números, en los supuestos ganadores ni en la validez de la farsa promovida por Nicolás Maduro.  

Durante el domingo 25 de mayo los centros electorales estuvieron sin mayor presencia de participantes. En algunas mesas electorales no había la cantidad de testigos y miembros necesarios para la instalación y pese a ello, la farsa continuó.