El profesor universitario, director de FundaRedes, defensor de derechos humanos y ex preso político Javier Tarazona llevó su testimonio y su análisis al III Congreso Nacional de Ciencias Políticas celebrado en el Aula Magna de la Universidad de Los Andes en Mérida, donde reflexionó ante estudiantes sobre la realidad nacional y la profundidad del daño que el chavismo le ha dejado a Venezuela.
Tarazona advirtió que el colapso de los servicios públicos y la crisis institucional no son simples fallas de gestión, sino síntomas de un daño antropológico y cultural que no se resuelve con medidas coyunturales. Para el defensor de derechos humanos, la transformación del país exige también un proceso de desaprendizaje y reconstrucción personal que vaya más allá de cualquier acuerdo político.
Denunció además la falta de autonomía del Poder Judicial, señalando que el sistema sigue supeditado a órdenes superiores en detrimento del Estado de Derecho, y subrayó que aunque existe una demanda ciudadana legítima por un proceso electoral que respete la voluntad popular violentada tras el fraude de 2024, el cambio real pasa también por una reconstrucción ética profunda de la sociedad.
Con información de La Patilla
«Yo me estaba muriendo»
Tarazona no esquivó los detalles más crudos de lo que vivió detrás de las rejas. Con la voz firme y sin concesiones al dramatismo, describió ante los estudiantes las condiciones que enfrentó durante su encarcelamiento.
«Yo pasé 47 días sin bañarme, mi cuerpo estaba podrido. Donde me servían la comida tenía que defecar. Yo me estaba muriendo. Me tomaba 23 pastillas. Fue una dura prueba», relató.
Y sin embargo, salió sin rencor. «Salí de la cárcel sin odio y sin rencor, pero con deseo de justicia. Deseo que esto que me pasó a mí no se vuelva a repetir. Por lo tanto, no es pasar la página y olvidar, es que se quede registrado para que más nunca se repita», afirmó.
Para Tarazona, alcanzar una verdadera transformación nacional exige que el cambio comience desde el individuo hacia lo colectivo, resignificando la vida y los valores ciudadanos como base de cualquier futuro democrático. Un mensaje que, dirigido a una generación de estudiantes de Ciencias Políticas, sonó tanto a testimonio como a mandato.



