Pactos para reforma judicial y restauración de derechos políticos marcan el diálogo en Venezuela

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Nota de prensa – El País de España

En la delegación de la oposición venezolana que este jueves se sienta a retomar las jornadas de diálogo político con el chavismo para resolver la crisis institucional del país, existe un optimismo manifiesto sobre la velocidad y profundidad de los acuerdos que se están gestando. También hay esperanzas en torno a lo que se pudiera concretar como resultado político entre finales de 2026 y comienzos de 2027. Si todo sale como se espera, afirman algunos de sus participantes, quedaría sentada la primera piedra para el retorno del país a la democracia.

Las sesiones de trabajo —auspiciadas por Estados Unidos, y cuyo primer ciclo finalizó el pasado 12 de agosto— se reinician este 17 de septiembre. Esta semana se prevé fundamentar los acuerdos ya alcanzados en torno al nombramiento de un nuevo Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). La reforma que está por concretarse “sería la más profunda en los 25 años del régimen”, según uno de los miembros del equipo opositor de la mesa. Un TSJ profesional e independiente es clave para diseñar una hoja de ruta que permita a la nación celebrar unas elecciones libres.

En este nuevo encuentro está previsto tratar lo relativo a la restauración de los derechos constitucionales de todo el arco político, la eliminación de las inhabilitaciones masivas de dirigentes opositores y la supresión de las tarjetas electorales de los partidos. También, la derogación de las leyes que limitan la libertad de expresión. Se habla además de levantar el bloqueo a más de 200 portales informativos por parte de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones.

Acuerdos anteriores y nuevas reuniones

En las sesiones de agosto se alcanzó un consenso para iniciar las gestiones que permitan recuperar los activos nacionales confiscados a la República en el extranjero en medio de estos años de conflictividad. Por otra parte, fueron excarcelados otros 131 presos políticos en un mes (y cerca de 1.000 en todo lo que va de 2026).

A esta jornada de diálogo le seguirán cuatro reuniones más (algunos afirman que puede haber una quinta). Entre octubre y noviembre, conforme se avance con el nuevo TSJ, se comenzará a trabajar para el eventual nombramiento de un nuevo Consejo Nacional Electoral. Vendrán más discusiones sobre garantías constitucionales y compromisos políticos.

La celebración de unas elecciones sigue siendo un interrogante, pero se asume como el corolario final de toda la operación. Todo el proceso, aseguran las fuentes, no deberá demorar más de cinco meses. Se habla de enero como un mes para ofrecer anuncios. De acuerdo a los reportes, no se han presentado obstáculos demasiado relevantes en el desarrollo de las negociaciones. Cada delegación trabaja por su lado en los recesos, afinando el diseño de los acuerdos y limando los detalles técnicos y conceptuales.

Un importante vocero chavista que ha preferido mantenerse en el anonimato reconoce de manera implícita el buen ambiente actual. “Hay que ser muy prudentes. Lo más importante es desechar definitivamente esa idea de que ‘nada está acordado hasta que todo esté acordado’. No, vamos sumando. Pero este trabajo tenemos que protegerlo evitando declarar a la prensa”.

Un clima diferente

Después de, al menos, nueve intentos fallidos de diálogo político para abrir caminos para superar el encallamiento institucional que se hizo crónico en el país desde el año 2002, y de procesos electorales fraudulentos en los años de la hegemonía chavista, la palabra “optimismo” está contraindicada en la política local. Particularmente en el campo opositor, que ha sumado tantos reveses en estos años. En consecuencia, el optimismo de la oposición en el diálogo con los chavistas es discreto. En las conversaciones privadas, se procura no excederse con la candidez: se alude a un “optimismo cauteloso”.

Las jornadas de diálogo que han acompañado el desarrollo de la crisis política venezolana en lo que va de siglo han terminado, invariablemente, con el mismo resultado. Con el oficialismo fortalecido tras haber administrado el tiempo con astucia, limitando el acceso a algunas demandas neurálgicas a cambio de cesiones parciales sin impacto. Con la oposición censurada por su ingenuidad, lastimada en su credibilidad y frustrada por no lograr sus objetivos. Y con la población, en general, cada vez más desentendida sobre lo que pueda suceder en este tipo de sesiones, vistas con frecuencia como un show.

En esta ocasión, sin embargo, la atmósfera de todo el proceso es otra, y acaso por primera vez. El tutelaje de los Estados Unidos está forzando consensos con cierta velocidad. Según información filtrada procedente del equipo negociador, Washington ha escogido a los interlocutores; ha puesto sobre la mesa los puntos fundamentales que deberían discutirse y ha establecido el tiempo para empezar a trabajar. Además, está pidiendo resultados. El tutelaje del proceso produce disgusto entre algunos actores de la oposición, que se expresan básicamente en privado. La presión que se ejerce parece estar haciendo la diferencia en la velocidad de los acuerdos.

Tutelaje de Estados Unidos

En julio, Jorge Rodríguez había declarado que “no tenía cabeza” para pensar en otro tema que no fuera la atención a las víctimas del terremoto y la emergencia nacional, agregando que “no sabía” cuándo iba a comenzar el diálogo institucional planteado con la oposición. En agosto, Rodríguez estaba presidiendo la delegación del chavismo para iniciar las sesiones del diálogo, recibiendo en Caracas a la jefa de la delegación opositora y presidenta de la Asamblea Nacional de 2015 —la única que era aceptada por los Estados Unidos—, Dinorah Figuera.

“El régimen se sabe absolutamente superado por el poderío militar de los Estados Unidos”, afirma una de las personas que trabaja con el equipo negociador de la oposición. “Los voceros del Gobierno de Delcy Rodríguez jamás aluden a lo que pasó el 3 de enero ni hablan de Nicolás Maduro. Nada de eso se está conversando. Los chavistas han tomado la decisión de convertirse en los aliados de esta administración. Por eso, todo el PSUV acompaña el proceso. Por eso se van retirando los rostros de Chávez en las calles”. Esta fuente asegura que, en el desarrollo de las conversaciones, algunos voceros oficialistas han manifestado sus inquietudes sobre las garantías políticas que puedan existir para ellos en el caso hipotético de tener que ceder el poder a la oposición.

“En este momento las cosas van a otra velocidad. El 3 de enero ha sido un antes y un después”, afirma Jesús González Sevilla, dirigente de la oposición involucrado en el proceso. “Los chavistas no quisieran hacer estas concesiones, pero es que no tienen alternativa. Las tienen que hacer. Están sobrepasados por lo que ocurrió. Aquí hay un cambio radical de la situación. El año pasado, nadie podía imaginarse lo que pasó con Nicolás Maduro y Celia Flores, ni con sus testaferros. Tampoco la ley de amnistía, ni la excarcelación masiva de presos políticos, ni el regreso de exiliados; ni la reforma de la ley de hidrocarburos o de minas. Nadie habría podido imaginarse que Miraflores terminara aceptando la ayuda de países como El Salvador, Israel o de los propios Estados Unidos, luego del terremoto”, dice.

El chavismo administra el tiempo a su favor

“Estados Unidos se ha dado cuenta de que Venezuela le puede ser muy útil en este conflicto histórico que tiene con China en materia energética y geopolítica”, opina, por su parte, Jesús Seguías, analista político y presidente de la firma Dataincorp. “De manera pragmática, la Casa Blanca fomenta esta negociación, a sabiendas de que la oposición no tiene el acompañamiento de la Fuerza Armada. No debe olvidarse que el chavismo controla el mundo militar, 21 de las 24 gobernaciones; cerca de 300 de las 335 alcaldías; casi todas las concejalías y todos los poderes públicos del país. Creo que lo que queda demostrado es que cualquier cambio político viable en Venezuela será posible si hay acuerdos con el chavismo gobernante, y no contra el chavismo gobernante”.

Mientras tanto, el chavismo, con Delcy Rodríguez a la cabeza, ensaya una de sus conocidas estrategias de repliegue, administrando en lo posible el paso del tiempo mientras retiene cabalmente el poder. Ajustándose con elasticidad a las exigencias de su socio y antiguo enemigo, a la espera de que cambien los tiempos en la política internacional.

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