Jeffrey Scott Shapiro, periodista de investigación y coordinador de la Digital News Association (DNA), ha denunciado que Rusia ha entrenado a más de mil profesionales de la comunicación en ocho naciones estratégicas, entre ellas Venezuela, Cuba y Nicaragua.
Estas personas se sumaron a un núcleo de 200 creadores de contenido hispanohablantes radicados en Rusia, encargados de dirigir flujos de información distorsionada hacia el público en América Latina.
La investigación identificó el uso de cuentas asociadas a RT en Español y Sputnik Mundo, que acumularon más de 24 millones de seguidores en redes sociales para ejecutar lo que calificaron como el «lavado de narrativas».
La estrategia ha consistido en avivar sentimientos antiimperialistas y anticoloniales para justificar conflictos como la invasión a Ucrania.
Gelet Martínez, fundadora de ADN Cuba, explicó que los rusos adaptaron su discurso a la ideología de cada gobierno local para sembrar tribalismo y polarización extrema.
Con información de El Nacional
El informe detalló cinco tácticas fundamentales empleadas en la región: la manipulación emocional, la selección sesgada de hechos, la inyección de conspiraciones, las falsas equivalencias y la amplificación de posturas radicales.
Para detectar estas maniobras, los investigadores utilizaron una plataforma de inteligencia artificial que monitoreó historias publicadas en español con componentes del aparato mediático patrocinado por Moscú, revelando además la existencia de al menos 16 sitios web falsos que suplantaron la identidad de medios de comunicación reconocidos.
El eje Rusia-La Habana
La presentación del informe, según EFE, ocurrió en un contexto de estrecha cooperación logística entre Rusia y sus aliados regionales.
Los especialistas señalaron que la desinformación se agudizó mientras el Kremlin desafió el bloqueo energético estadounidense con el envío de 740.000 barriles de crudo a Cuba.
Orlando Gutiérrez, secretario de la Asamblea de la Resistencia Cubana, advirtió que la prioridad de Rusia radicó en la defensa de los regímenes autoritarios del área, utilizando la comunicación como un escudo defensivo.
El reporte de la DNA concluyó que los esfuerzos mediáticos rusos fueron extraordinarios y superaron en presupuesto a los entes de comunicación del gobierno de Estados Unidos.
Esta disparidad de recursos facilitó que las narrativas rusas penetraran en el imaginario colectivo, aprovechando temas sensibles como los aranceles y la migración para socavar la influencia de Washington en el hemisferio.



