Para el Departamento de Estado de Estados Unidos, Venezuela ocupa un lugar central en la estrategia internacional desarrollada por el régimen cubano durante las últimas décadas. Así lo sostiene un informe de casi cien páginas publicado recientemente por la institución, dedicado a documentar las operaciones de espionaje, influencia y subversión atribuidas a La Habana, en el que uno de sus capítulos más significativos señala que la llegada del chavismo permitió a Cuba proyectar su poder mucho más allá de la isla y convertir a Venezuela en el principal centro de operaciones de su política regional.

El documento va más allá de describir una alianza política o económica. Según sus autores, el gobierno venezolano terminó funcionando durante años como una extensión del aparato estratégico cubano, permitiendo a La Habana ampliar su influencia sobre América Latina y facilitar la presencia de otras potencias rivales de Estados Unidos en el hemisferio.

Con información de Informe Orwell

De aliado político a Estado cliente: el concepto de «Cubazuela»

Uno de los conceptos más llamativos del informe es el de «Cubazuela», con el que el Departamento de Estado describe el período en que Venezuela, tras la llegada de Hugo Chávez al poder y posteriormente bajo Nicolás Maduro, quedó profundamente integrada dentro del sistema político, militar y de inteligencia diseñado por Cuba. El régimen venezolano funcionó, en la práctica, como un Estado cliente de La Habana, cuya administración, fuerzas armadas e instituciones civiles fueron ampliamente infiltradas por la inteligencia cubana. El informe presenta esa penetración como uno de los mayores éxitos estratégicos de La Habana desde el final de la Guerra Fría.

Según el documento, la asociación entre La Habana y Caracas permitió construir un nuevo eje político en el hemisferio occidental. Venezuela se convirtió en el principal punto de convergencia de gobiernos y movimientos alineados contra los intereses estadounidenses en América Latina, ofreciendo no solo recursos económicos a Cuba mediante acuerdos petroleros, sino un territorio desde el cual desarrollar nuevas alianzas estratégicas con actores internacionales.

La puerta de entrada para Irán

Uno de los aspectos que el informe destaca con mayor énfasis es el papel de Venezuela en la expansión de la influencia iraní en la región. Según el Departamento de Estado, la estrecha relación entre Cuba y Venezuela creó un entorno favorable para que Teherán fortaleciera su presencia política, económica y de inteligencia en América Latina. El documento sostiene que funcionarios de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria Islámica operaron bajo cobertura diplomática desde la embajada iraní en Caracas, y que organizaciones como Hezbollah y Hamas ampliaron sus conexiones regionales aprovechando las redes construidas alrededor de esa alianza.

El informe también señala que la relación entre La Habana y Caracas facilitó la expansión de la influencia rusa en el continente. Moscú utiliza a Cuba como plataforma de inteligencia frente a Estados Unidos y mantiene estrechos vínculos militares, tecnológicos y políticos con el régimen venezolano. Empresas tecnológicas rusas han ampliado su presencia en Cuba y Moscú suministra capacidades avanzadas de vigilancia a gobiernos aliados como Venezuela y Nicaragua.

En cuanto a China, el documento sostiene que Beijing ha incrementado su presencia en Cuba mediante inversiones tecnológicas, instalaciones de inteligencia electrónica y cooperación militar, y que empresas chinas han suministrado sistemas de vigilancia utilizados por gobiernos latinoamericanos para reforzar el control político interno.

Un nodo donde convergen todos los adversarios de Washington

La tesis central del informe es que Cuba actúa como un «multiplicador de fuerza» para los gobiernos considerados adversarios de Estados Unidos, y que Venezuela es el principal escenario donde convergen simultáneamente los intereses estratégicos de Rusia, China e Irán, apoyados por la infraestructura política y de inteligencia desarrollada por La Habana durante décadas. Esa red permite a esos países ampliar su influencia sin necesidad de desplegar grandes contingentes militares, utilizando en cambio cooperación tecnológica, inteligencia, asistencia política y redes diplomáticas.

Para el Departamento de Estado, la alianza entre Cuba y Venezuela trascendió la afinidad ideológica para convertirse en una asociación estratégica orientada a preservar gobiernos aliados y ampliar la influencia regional frente a Washington. Venezuela dejó de ser simplemente un socio político del castrismo para convertirse en el principal eje de proyección regional de la estrategia cubana: un espacio desde el cual convergen redes de inteligencia, cooperación militar, influencia política y alianzas internacionales que Estados Unidos considera contrarias a sus intereses en el hemisferio occidental.