Hay una cifra que empieza a moverse en silencio dentro de las conversaciones que, con la intermediación de Estados Unidos, sostienen desde agosto delegaciones del chavismo y la oposición: crece la posibilidad de que se concrete un acuerdo para dar uso a los recursos que Venezuela mantiene congelados en el exterior.
Así lo han confirmado varios actores vinculados a la negociación.
El caso más llamativo es el de los lingotes de oro que pertenecen a la república y que reposan en el Banco de Inglaterra: unas 31 toneladas, equivalentes a 4.000 millones de dólares, congeladas bajo custodia del ente regulador británico desde que el líder opositor de 2019, Juan Guaidó, se proclamara presidente, reclamara el control sobre las propiedades nacionales en el exterior y desconociera al régimen de Nicolás Maduro, al que parte de la comunidad internacional consideró fraudulento desde las elecciones de mayo de 2018.
Según fuentes cercanas al entorno negociador, las autoridades británicas se han mostrado dispuestas a liberar los recursos si se concreta un acuerdo político. El terreno, de hecho, ya cambió: a diferencia de lo que ocurría en 2015, Londres reconoce hoy la legitimidad del mandato de Delcy Rodríguez, después de que Washington hiciera lo propio.
Pero ahí aparece el nudo de siempre, uno de los puntos crónicos de desacuerdo entre la dictadura y la oposición venezolana sigue siendo la desconfianza de esta última sobre la probidad del chavismo a la hora de administrar el dinero oficial. Por eso la intermediación estadounidense no se limitaría a cerrar el trato: asumiría también el control del dinero para administrarlo.
El uso de esos recursos, señalan las fuentes, deberá ser aprobado por el Departamento del Tesoro y el Departamento de Estado.
Con información de El País de España
Washington no quiere poner un centavo propio
Liberar estos recursos para atender los graves problemas sociales y económicos de Venezuela, agravados tras el terremoto de 2026, es hoy uno de los objetivos prioritarios de la intermediación estadounidense. Y no es casualidad: en Washington saben perfectamente que Venezuela tiene medios económicos propios para atender sus problemas, y existe una enorme renuencia a colocar recursos estadounidenses en la agenda de la reconstrucción nacional.
El oro del Banco de Inglaterra no es, sin embargo, el único activo venezolano atrapado en disputas internacionales, Venezuela es también propietaria del gigante refinador estadounidense Citgo, empresa valorada en 10.000 millones de dólares y actualmente envuelta en un costoso litigio que arrastra el riesgo de que el país termine perdiendo esta propiedad. A esto se suman los activos internacionales de Pdvsa congelados durante la gestión de Nicolás Maduro y el dinero de los Derechos Especiales de Giro del Fondo Monetario Internacional, una instancia a la que el propio Hugo Chávez decidió renunciar a comienzos de la década anterior. Hace poco, además, un tribunal portugués ordenó desbloquear 1.500 millones de dólares de fondos públicos venezolanos retenidos en Novo Banco.
Un litigio de cinco años entre dos gobiernos
Venezuela llevaba décadas depositando parte de sus reservas internacionales de oro en las arcas del Banco de Inglaterra, uno de los centros universales de custodia por sus múltiples ventajas operativas. En 2011, Hugo Chávez decidió repatriar esos activos, pero, por razones tácticas, no retiró todo el oro que estaba depositado a nombre de la nación, una decisión que hoy, más de una década después, sigue teniendo consecuencias.
«La Asamblea Nacional de 2015 ya no es contraparte en este litigio», aclara el dirigente opositor Gustavo Marcano, cercano al proceso. «Una vez que el gobierno del Reino Unido reconoce a Delcy Rodríguez, desde marzo pasado, las cosas se han despejado. El papel nuestro es facilitar los acuerdos con garantías para la transparencia», agrega.
El prolongado litigio por el control del oro venezolano en el Banco de Inglaterra se extendió por más de cinco años, y no fue un pleito cualquiera. El régimen de Maduro reclamaba ser el gobierno en funciones del país y el legítimo propietario de ese dinero, mientras Juan Guaidó defendía su legitimidad como presidente de la Asamblea Nacional y denunciaba el comportamiento fraudulento de Maduro en las presidenciales anteriores. El caso terminó en el Tribunal Supremo de Gran Bretaña, instancia que tuvo que resolver un disparatado contencioso entre dos parlamentos, dos bancos centrales y dos poderes ejecutivos: el chavista y el opositor. Londres mantuvo entonces su posición: reconocía a Juan Guaidó como representante de las fuerzas democráticas y no entregaría estos recursos a una administración que consideraba ilegítima.
El reconocimiento de Estados Unidos al interinato de Delcy Rodríguez, ocurrido en marzo de este año, sirvió para despejar buena parte de esos dilemas. Pero Londres todavía no ha liberado el dinero, y persisten algunos desacuerdos metodológicos en la mesa de conversaciones de Caracas. La última palabra, por ahora, se espera de la gestión final de Estados Unidos.
«Es una cantidad importante. El Gobierno de Venezuela quiere usar ese dinero para atender las necesidades inmediatas de la población luego del terremoto: viviendas, escuelas, centros de salud», afirma Leonardo Vera, presidente de la Academia Venezolana de Ciencias Económicas.
«En líneas generales, debo acotarlo, los lingotes de oro que tienen las naciones en sus arcas no se usan para esas cosas, sino para tener un colchón adecuado de reservas internacionales que permitan atender el mercado cambiario, por ejemplo. Pero no estamos en tiempos normales: hay una enorme presión para conseguir fondos para la reconstrucción nacional, porque además lo que se ha conseguido hasta ahora es muy poco. Es complejo ponerle un freno a estas demandas», explica Vera.
