El desmantelado parque termoeléctrico de Venezuela necesita inversiones masivas y una provisión estable de gas natural y diésel para poder contribuir de manera confiable a elevar la oferta de energía y ayudar a contrarrestar los apagones, coinciden los expertos consultados. El régimen de Delcy Rodríguez promete sumar 4.000 megavatios (MW) en lo que resta del año a la oferta de electricidad disponible en el Sistema Interconectado Nacional (SIN), una meta que los especialistas ya califican de difícil alcance.
Se trata de una cifra nada menor: esa es la cantidad de energía necesaria para atender la demanda de unos siete millones de hogares en Venezuela, según estimaciones técnicas, y en teoría sería suficiente para cerrar el déficit existente entre oferta y demanda.
Pero los apagones en el país no se explican únicamente por el lado de la generación de megavatios, sino por la indisponibilidad de esa energía en los centros finales de consumo. A diferencia de las centrales hidroeléctricas operativas del bajo Caroní (Guri, Caruachi y Macagua), las plantas termoeléctricas están ubicadas más cerca de las ciudades y no requieren que la electricidad generada recorra distancias tan extensas por líneas de transmisión saturadas para llegar a consumidores residenciales, comerciales e industriales. Pese a esa ventaja estratégica, la mayoría se encuentra inoperativa.
Con información de El Nacional
Cuál es el estado de las termoeléctricas
El ingeniero electricista Alberto Fuentes, experto en generación térmica, docente universitario, exgerente general del complejo Ricardo Zuloaga (Tacoa) de la extinta Electricidad de Caracas y exgerente nacional de operaciones de la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec), señala que uno de los mayores problemas de estas instalaciones es la ausencia de mantenimiento recurrente y programado. Lo ilustra con un ejemplo sencillo: es como el aceite de un vehículo, que debe cambiarse de forma periódica y no una sola vez.
Fuentes precisa que, según el tipo de intervención requerida, por cada megavatio se debe desembolsar un mínimo de 160.000 dólares. De este modo, una sola unidad de 160 MW demanda cerca de 24 millones de dólares en inversiones que deben repetirse en el mediano plazo.
Sobre el balance general del sector eléctrico en Venezuela, el especialista puntualiza que el país cuenta con una capacidad instalada nominal de 35.000 MW, aunque no todos están en condiciones de operar. De ese total, 14.000 MW corresponden al parque de centrales hidroeléctricas, mientras que en materia de plantas termoeléctricas Venezuela posee una potencia instalada en todo el territorio de 21.000 MW, distribuida en unidades de vapor y de ciclo combinado.
«Los datos disponibles indican que la generación del bajo Caroní en julio alcanzó 9.515 megavatios, sumando el aporte de Guri, Caruachi y Macagua. Por su parte, las plantas termoeléctricas a gas generaron 2.700 megavatios», resume Fuentes.
Ese balance arroja un déficit estructural de unos 2.000 MW entre la oferta de energía disponible y el consumo real de la población.
Las inservibles y caras termoeléctricas
El panorama, planta por planta, no es alentador. El complejo de Tacoa, ubicado en el estado La Guaira, cuenta con una capacidad instalada de 1.800 MW que se encuentra totalmente fuera de servicio, al igual que la planta Ramón Laguna, situada en el estado Zulia, con 700 MW instalados. Ambas centrales operaban con tecnología a vapor para mover sus turbinas, calentando agua mediante inyección de gas natural o diésel.
A esa lista se suma Planta Centro, en el estado Carabobo, una de las instalaciones de mayor envergadura del país, con una capacidad de 2.600 MW y actualmente inoperativa en su totalidad.
«Las centrales termoeléctricas a vapor están todas fuera de servicio. Incluso algunas han sido desvalijadas para chatarra, entre ellas la máquina 9 de Tacoa», denuncia Fuentes.
En conjunto, estas unidades térmicas a vapor representan 5.100 MW instalados que hoy no aportan un solo megavatio a la red.
Una oferta difícil de creer
De acuerdo con los anuncios del Gobierno nacional, para el mes de octubre se prevé la entrada en servicio de la unidad número 6 de Planta Centro, la cual sumaría 600 MW a la red. «Esa incorporación sería muy positiva, porque esos 600 megavatios hacen falta. Ojalá se concrete su reincorporación al Sistema Eléctrico Nacional», comenta Fuentes, aunque el tono de la frase deja entrever más esperanza que certeza.
Por su parte, las plantas de ciclo combinado, como Termozulia, generan electricidad aprovechando directamente el combustible fósil y los gases de escape para producir vapor, logrando mayor eficiencia energética y menor impacto ambiental cuando se encuentran en funcionamiento. Termozulia dispone de 450 MW de capacidad instalada, pero su módulo de vapor de 150 MW está paralizado, por lo que solo despacha 300 MW, detalla Fuentes.
El especialista advierte, además, sobre la dificultad de acceder a estadísticas actualizadas, debido a que las autoridades catalogan los registros del sector como información estratégica reservada. «Por esa opacidad no sabemos con certeza cuántos aspectos positivos o negativos del sistema eléctrico se mantienen sin divulgar», subraya.
Otra instalación de ciclo combinado es la planta Don Luis Zambrano, en el estado Mérida, de 450 MW, que también permanece fuera de servicio. A su vez, la termoeléctrica India Urquía, ubicada en el sector El Sitio de los Valles del Tuy, en el estado Miranda, fue diseñada con dos unidades de vapor y cuatro de gas para totalizar 1.080 MW. Informes técnicos del sector indican que dicha central solo genera 540 MW en la actualidad, apenas la mitad de lo que fue concebida para producir.

