El próximo domingo 4 de octubre, Brasil se someterá a un proceso electoral para elegir a su nuevo presidente. Aunque la contienda está reñida, de acuerdo con las encuestas ninguno de los candidatos se acerca al 50 % + 1 necesario para la victoria, lo que podría acarrear la necesidad de un balotaje el 25 de octubre.
Entre los aspirantes destacan el actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador por Río de Janeiro, Flávio Bolsonaro, quien además es hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Aunque son las dos figuras que lideran como principales en la contienda, ninguno posee la fuerza mayoritaria necesaria para llevarse la banda presidencial sin pasar por una segunda vuelta.
Sindicalista y progresista
Luiz Inácio Lula da Silva es un sindicalista y político progresista brasileño, antiguo trabajador metalúrgico, que en la actualidad se desempeña como presidente de la República Federativa de Brasil desde 2023. Esta es su tercera oportunidad al mando: anteriormente fue investido en 2003 y ratificado en 2006, período que culminó en 2011.
Más de una década después, fue nuevamente elegido como primer mandatario de Brasil tras vencer en la segunda vuelta de las elecciones de 2022 al entonces presidente Jair Bolsonaro, convirtiéndose en la primera persona electa tres veces para el cargo en la historia de su país.
Lula es miembro fundador y presidente honorario del Partido de los Trabajadores, lo que le brinda la ventaja de contar con el respaldo del llamado «centrão», ese bloque informal de partidos en el Congreso de Brasil que no tiene una ideología fija y negocia su apoyo al gobierno a cambio de cargos y recursos. Se trata de un bloque grueso de distintos partidos dentro del Congreso, y uno de los principales apoyos que Lula busca consolidar de cara a un eventual cuarto mandato.
La derecha entra a la pelea
Por su parte, Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Bolsonaro, hereda los votos de la derecha dura y el descontento popular con la seguridad pública, un tema que a la izquierda le ha costado gestionar. De todas maneras, la idiosincrasia política brasileña muestra una característica particular: la paradoja de ser un país conservador que, sin embargo, ha elegido presidentes de izquierda. El senador por Río de Janeiro representa al Partido Liberal en estos comicios.
Sin embargo, el panorama varió cuando entró en juego Augusto Cury, un médico psiquiatra que se presenta como una «tercera vía», abanderado por el partido Avante. Desde su aparición en la contienda se fragmentó la simpatía de los votantes hacia la derecha, lo que provocó que Bolsonaro bajara algunos puntos en las encuestas.
Otras opciones menos presidenciables
Asimismo, en la contienda también se mencionan otros tres candidatos con la intención de ser investidos como el nuevo presidente de Brasil para el período 2027-2030. El empresario y activista político Renan Antônio Ferreira dos Santos, por el partido Missão, quien fue cofundador del Movimiento Brasil Libre en 2014 y actualmente es presidente de ese partido desde 2023. También el exgobernador de Goiás desde 2019 hasta 2026, Ronaldo Ramos Caiado, que cuenta con el apoyo del Partido Socialdemócrata y ha sido senador en una oportunidad y dos veces diputado federal. Finalmente, el exgobernador de Minas Gerais, Romeu Zema, militante del partido Novo, empresario, administrador y político brasileño, completa el grupo de opciones para los comicios del próximo 4 de octubre.
El 4 de octubre de 2026, más de 158 millones de brasileños están habilitados para votar. Si ninguno de los candidatos obtiene más del 51 % de los votos en esta primera vuelta, será necesaria la realización de un balotaje, pautado para el domingo 25 de octubre, en el que se enfrentarán los dos candidatos que hayan obtenido la mayor cantidad de votos escrutados tres semanas atrás.
En esta elección no solo se elige al presidente, sino que además los brasileños escogerán al vicepresidente del país. También se renovará la totalidad de la Cámara de Diputados —es decir, 513 diputados—, además de dos tercios del Senado (54 de 81 senadores), y se elegirán 27 gobernadores y más de mil escaños en las asambleas estatales.
Desafíos de la nueva presidencia
Lo cierto es que, sea quien sea el que resulte ganador de la contienda, tiene un gran desafío por delante: recuperar el control sobre el presupuesto. Durante la última década, el Congreso ganó capacidad para decidir sobre una parte creciente del gasto federal y redujo el margen de negociación con el Ejecutivo.
Las encuestas indican que la principal preocupación del pueblo brasileño es la violencia, seguida por la economía, la corrupción, la salud, los problemas sociales y la educación. Por esa razón, el actual presidente y candidato a la reelección, Lula da Silva, presentó como parte de su campaña un programa cuyos principales puntos son la defensa de la soberanía, la reducción de la desigualdad y el combate al crimen organizado, además de un repaso por lo que considera los logros de su gobierno actual, apostando por mantener las mismas políticas de cara a un posible cuarto mandato.
Flávio Bolsonaro, por su parte, decidió seguir el modelo implementado por Nayib Bukele en El Salvador, y anunció un plan para crear 500.000 plazas para presos mediante la construcción de nuevas cárceles y la ampliación de presidios. Entre sus promesas de campaña también propone construir cinco cárceles de máxima seguridad y endurecer las condiciones de reclusión, replicando el esquema salvadoreño.
Relevancia para otros países
América Latina vive una fuerte polarización, con un avance de fuerzas conservadoras en varios países. Al ser Brasil la mayor economía de la región, el resultado de estas elecciones definirá si se consolida un bloque de derecha en el continente o si sobrevive un contrapeso progresista capaz de incidir en las negociaciones o mediaciones sobre el caso venezolano.
Estas elecciones también tendrán impacto directo en Argentina, ya que Brasil es uno de sus principales socios comerciales y la relación bilateral atraviesa un momento de tensión política. Durante la visita del presidente argentino, Javier Milei, a San Pablo en julio pasado, para apoyar la candidatura de Flávio Bolsonaro, el mandatario no se contuvo al opinar sobre Lula, a quien tildó de «ladrón» y «basura socialista». Tras ese episodio, el gobierno brasileño «llamó a consultas» a su embajador en Argentina, Julio Bitelli, y redujo su representación diplomática a nivel comercial.
Argentina alberga, de hecho, una de las mayores comunidades brasileñas en el extranjero: según un censo realizado en 2022, unas 49.943 personas nacidas en Brasil residían en ese país. Se estima que unos 13.118 brasileños estarán habilitados para votar desde Argentina, en la embajada de Brasil en Buenos Aires y otras sedes.
Sobre la relevancia de estas elecciones para Venezuela, recientemente Lula prometió defender las riquezas energéticas y mineras de Brasil y evitar que «pase lo que pasó en Venezuela» con sus reservas de petróleo. Más allá de esa declaración, las elecciones presidenciales de Brasil son de gran relevancia para Venezuela porque definen la postura del principal líder e intermediario político de la región frente a la crisis institucional y democrática que viven los venezolanos.
Como se recordará, Brasil, bajo la administración de Lula, ha intentado fungir como puente para el diálogo y se ha sumado a la exigencia de garantías electorales. Un cambio en la presidencia brasileña a favor de Bolsonaro podría transformar radicalmente esta diplomacia hacia un alineamiento mucho más confrontativo contra Miraflores, aunque también habría que evaluar la participación de Estados Unidos en ese eventual escenario.
Tampoco se debe olvidar que Venezuela y Brasil comparten una extensa frontera terrestre, que en ocasiones ha facilitado los flujos migratorios, lo que demanda políticas y estrategias bilaterales para garantizar la seguridad del norte de Sudamérica. La continuidad o ruptura del eje político en Brasil repercute de manera directa en la cooperación fronteriza y comercial, porque la posición de Brasil modera o impulsa la integración de Venezuela en bloques multilaterales y foros del Sur Global, como los BRICS, la asociación político-económica internacional de países emergentes que busca crear una alternativa al dominio financiero y político de Occidente.
En paralelo, el gobierno de Brasil planea reunirse presencialmente con representantes de la administración de Donald Trump para negociar los aranceles que Estados Unidos impuso a buena parte de los productos brasileños en vísperas de las elecciones presidenciales. Este encuentro podría llevarse a cabo en la cumbre ministerial de comercio del G20, que se celebrará entre el 30 de septiembre y el 1 de octubre en Estados Unidos. De confirmarse, el encuentro coincidirá con los últimos días de campaña antes de la primera vuelta electoral. El gobierno de Lula ha reafirmado su disposición a mantener abierto el diálogo, aunque en paralelo activó el proceso para responder con medidas de reciprocidad, al considerar los aranceles «inaceptables».
Claves para entender las elecciones en Brasil
Para poder votar en Brasil, la persona debe ser mayor de 16 años, y el voto es obligatorio para quienes tienen entre 18 y 70 años. Este año se registró un aumento de casi 2,3 millones de personas (1,46 %) habilitadas para votar, con respecto a las elecciones de 2022. El Tribunal Superior Electoral (TSE) también calculó un fuerte aumento de electores en el exterior, con más de 900.000 votantes fuera del país, un 32 % más que en las elecciones anteriores.
La primera vuelta se realizará el 4 de octubre de 2026, y la segunda vuelta o balotaje, de ser necesaria, está programada para el 25 de octubre de 2026. La toma de posesión del candidato ganador se realizará el 1 de enero de 2027, y su período presidencial culminará el 31 de diciembre de 2030, ya que el mandato presidencial en ese país dura cuatro años.
En la actualidad se vive un ambiente electoral polarizado, lo que podría restarle posibilidades a Lula da Silva de consolidarse por cuarta vez en la presidencia de su país natal. El último sondeo de la firma demoscópica Datafolha dejó al jefe de Estado con un 39 % de las intenciones de voto, cuatro puntos más que Bolsonaro hijo, de cara a la primera vuelta de los comicios del 4 de octubre. Sin embargo, ambos candidatos aparecen empatados técnicamente en una eventual segunda vuelta.

