El periodista y youtuber Augusto Navarro conversó con Dossier Venezuela para examinar qué hay detrás de la mesa donde dos parlamentos se sientan, los resultados pragmáticos que busca Estados Unidos en Venezuela y el nuevo aliado de la democracia que llegará desde la Casa de Nariño.

La Asamblea Nacional del período 2015-2020, liderada por Dinorah Figuera, y el parlamento chavista encabezado por Jorge Rodríguez acordaron iniciar una agenda conjunta el 1 de agosto. El Departamento de Estado respaldó el anuncio, pero Navarro fue al fondo de lo que en realidad dijo Rodríguez días antes del anuncio cuando intentó justificar por qué no había tiempo para reformas electorales.

«Muchos se hicieron eco de sus palabras altisonantes, pero en esa misma declaración él dijo algo revelador antes de todo lo demás: «nosotros no estamos en posición de frenar ninguno de los procesos que se están llevando a cabo». Básicamente está pavimentando el camino para decir: si es por nosotros no hacemos nada, pero en realidad no tenemos la potestad de frenar estos procesos», explicó Navarro.

Para el periodista, el jalón de orejas de Marco Rubio venía de antes y el terremoto aceleró una reconfiguración que ya estaba en marcha. «El impacto político del terremoto fue muy negativo tanto para el rodrigato como para la administración de Donald Trump», señaló.

Dos planes corriendo en paralelo dentro de la Casa Blanca

Navarro desarrolló lo que describe como su teoría central sobre la política estadounidense hacia Venezuela: dentro de la administración Trump conviven dos corrientes con visiones diferentes, y Trump las deja correr en paralelo apostando al bando que resulte ganador.

«Hay dos corrientes muy marcadas: la del vicepresidente JD Vance y la del secretario de Estado Marco Rubio, que ha hecho un trabajo magnífico. Trump siempre ha apostado a pegarse al bando ganador y deja correr en paralelo las dos vertientes. Ya pasó cuando por un lado se trabajaban acuerdos directos entre la Casa Blanca y Maduro, y por el otro estaba el ala dura en contra de la dictadura. Ahora es la reedición, solo que en esteroides», explicó.

Navarro fue preciso al describir cómo la emergencia sísmica forzó una reconfiguración del plan estadounidense. El episodio del equipo de rescate de Steve Slepcevic, que pasó cuatro días retenido en un aeropuerto esperando autorización para entrar a Venezuela, y que requirió que Rubio interviniera directamente, fue el detonante.

«Cuando llegaron era demasiado tarde. Eso caló muy fuerte en la opinión pública estadounidense, con voces muy pesadas en los medios denunciándolo en tiempo real, y obligó a la administración Trump a hacer control de daños. Además, el 3 de noviembre tenemos las midterm y no es por allí donde quieran perder la popularidad ni el voto latino, que es determinante en estados como Florida», advirtió.

Qatar: el flotador que el régimen busca

Navarro también abordó el viaje del canciller Félix Plasencia a Qatar en plena crisis humanitaria, calificándolo de revelador pero no incongruente cuando se entiende la lógica del régimen. «En política nada es casual. Qatar ha estado involucrado en las negociaciones de Venezuela desde hace años, en las últimas seis de las 18 mesas de diálogo fallidas. No es casual que el dinero del petróleo venezolano pase por Qatar. Rubio dijo que no podía depositarse directamente en Estados Unidos por los acreedores de Citgo, y eligió Qatar. Esa no fue una selección aleatoria», explicó.

El régimen, señaló, no necesita que sus aliados estén completamente a su favor. Les basta con una neutralización táctica. «Están buscando oxígeno. Están agarrándose de cualquier flotador para sobrevivir un ratito más», afirmó.

Dinorah Figuera y el error que no puede cometer

Uno de los puntos más directos de Navarro fue su análisis sobre la figura de Dinorah Figuera y el riesgo que corre al excluir a la Plataforma Unitaria del proceso.

«Sí tiene que reunirse o al menos escuchar a la Plataforma Unitaria, a María Corina y a los factores democráticos del país. No hacerlo es darle la espalda a la mayoría del país. Le guste o no al que nos está escuchando, María Corina Machado es la líder indiscutible de Venezuela. Quien aglutina la voluntad política de cambio del electorado venezolano es ella. Tú no puedes darle la espalda al 70 o 80 por ciento del país. Y si no te vas a reunir con quienes defienden nuestros intereses, pero sí te vas a reunir con el régimen todos los días, ¿cómo vamos a aplaudir eso?», preguntó.

«Ojalá Dinorah escuche esto. Puede ser muy institucional, puede intentar desligarse de lo político para hablar de reinstitucionalización, que es lo que aspiramos. Pero no puedes darle la espalda al 80% del país en un momento crítico como este, cuando no estamos en un escenario de normalidad sino en el residuo de casi 30 años de dictadura», insistió.

Y sobre el rol que debe asumir María Corina Machado en este proceso, Navarro fue enfático: «El poder se ejerce, no se ruega, no se mendiga. Dentro de las limitaciones que implica su posición en este momento, quizá tiene que sentarse en esa mesa o, si le cierran la puerta, entrar por la ventana, vamos a ponerlo así exactamente».

Colombia, la guerrilla y el nuevo aliado

Navarro cerró con un análisis sobre la llegada de Abelardo de la Espriella a la presidencia de Colombia y su impacto en Venezuela. Para el periodista, la decisión del nuevo mandatario colombiano de ir frontalmente contra la guerrilla tendrá consecuencias directas en el territorio venezolano.

«El hecho de combatir la guerrilla ya es muchísimo que está haciendo por nosotros, porque va a empujar al ELN y a las disidencias de las FARC hacia su refugio natural que es Venezuela, donde han tenido la permisividad y complicidad del régimen. Eso va a colocar a Estados Unidos ante un problema de seguridad dentro de su «tienda favorita» en este momento, con más de 3.000 soldados en territorio venezolano, dos portaviones y seis destructores en el área. Estados Unidos no puede permitir que Venezuela se le vuelva un desastre cuando su plan es invertir enormes cantidades de dinero en el sector petrolero y minero», explicó.

Navarro ve en esa presión un catalizador para la resolución final del conflicto venezolano: «Ese desplazamiento de la guerrilla va a poner a Estados Unidos a reaccionar en su contra, lo que terminará siendo el ultimísimo factor en la resolución de la complicidad criminal entre el régimen y esos grupos».