La industria privada venezolana desaceleró su crecimiento entre abril y junio de 2026, y no por falta de esfuerzo empresarial, sino por dos frenos que el sector arrastra desde hace tiempo: los excesivos tributos y la inestabilidad crónica del Sistema Eléctrico Nacional. Según el último boletín de coyuntura de la Confederación Venezolana de Industriales (Conindustria), las empresas reportaron haber pasado en promedio 214 horas sin suministro eléctrico, de un total de 488 horas laborables en el trimestre.
Hacer cuentas no deja mucho espacio para el optimismo: eso equivale a la pérdida de 44 % de las horas de trabajo por fallas eléctricas, una contingencia que aumentó 68 % frente a los tres primeros meses del año.
«Las fallas eléctricas han influido, ha quedado demostrado. El sistema manufacturero nacional ha venido trabajando para tratar de autoabastecerse en los momentos donde falla el sistema», señaló Tito López, presidente de Conindustria.
Con información de El Pitazo
Pese a este obstáculo, el vocero destacó que el sector logró un crecimiento acumulado de 8,1 % en el volumen de producción durante la primera mitad del año, un resultado que atribuye a la resiliencia de un empresariado que, contra todo pronóstico, sigue apostando por el país.
Un mapa desigual de apagones
El impacto eléctrico no golpea por igual a todo el territorio nacional; castiga con más fuerza a las regiones productivas del interior. Mientras en la Gran Caracas se registraron 82 horas de interrupción, en el estado Zulia la cifra ascendió a 333 horas, seguida por Los Andes con 295 y la región centro-occidental con 263 horas sin luz. La cuenta final es de un promedio de 57 cortes no programados por trimestre, es decir, unos cinco apagones semanales que interrumpen los procesos térmicos y mecánicos de las plantas.
Frente a las fallas eléctricas, las industrias han tenido que desviar recursos que estaban destinados a la modernización para cubrir gastos puramente operativos. La autogeneración eléctrica dejó de ser una excepción para convertirse en norma entre las medianas y grandes empresas, aunque esto implica una carga financiera adicional por el consumo de hidrocarburos. Las pequeñas industrias, en cambio, cargan con el mayor peso de esta crisis: no cuentan con el músculo financiero para adquirir y mantener plantas eléctricas de gran escala.
«Hay empresas que pueden hacer inversiones mensuales, un promedio de 2.500 a 3.000 dólares en consumo de diésel para mantener las plantas en funcionamiento», apuntó López. Esa realidad, según el dirigente gremial, ha forzado a muchas fábricas a romper con sus dinámicas tradicionales de trabajo con tal de no paralizar la producción.
«Estamos haciendo adecuaciones en todo lo que viene siendo los horarios de producción. Algunas empresas se están pasando del turno diurno al turno nocturno», reveló el presidente de Conindustria. Este cambio de horarios se ha vuelto especialmente común en la región centro-occidental, donde se concentra el mayor número de empresas manufactureras del país, y responde a un cálculo simple: producir de noche, cuando la demanda eléctrica nacional baja, reduce el riesgo de cortes que terminen dañando los equipos industriales.
Cronograma de cortes
El gremio ha solicitado a Corpoelec y al Ejecutivo Nacional el diseño de un plan de racionamiento programado que permita a las fábricas organizar sus ciclos de producción y evitar pérdidas de materia prima por apagones imprevistos. Hasta ahora, sin embargo, esa solicitud sigue sin encontrar eco: el sector reporta que aún no se ha alcanzado ningún acuerdo en las mesas de trabajo regionales.
«Nosotros hemos puesto sobre la mesa tratar de hacer un cronograma de los cortes de luz de manera de poder planificarnos a nivel de producción», dijo López. El vocero fue claro en algo: la recuperación definitiva del sistema no depende de paños tibios, sino de proyectos de gran envergadura. Según la información manejada por el gremio, el Ejecutivo evalúa convenios con empresas transnacionales para intervenir en la represa del Guri y en plantas termoeléctricas clave, con el objetivo de minimizar los tiempos de interrupción en el mediano plazo.
Para acompañar estas mejoras en infraestructura, Conindustria propone la aprobación de una «Ley Puente» que simplifique el entorno regulatorio y ofrezca alivio fiscal. El gremio sostiene que reformar individualmente las 206 leyes que frenan la productividad tardaría décadas, por lo que plantea un marco legal transitorio de 3 a 5 años que permita desburocratizar los trámites y atraer la inversión extranjera necesaria para estabilizar el ecosistema operativo de las industrias nacionales.
Desigualdad en el crecimiento
Los resultados del primer semestre de 2026 dejan señales de recuperación, aunque no repartidas por igual. El crecimiento de 8,1 % es el promedio de un arranque sólido de 9,9 % en el primer trimestre y una cifra de 6,5 % en el segundo. Sectores como autopartes registraron un repunte de 47,5 % y el farmacéutico de 17,7 %, mientras que alimentos mostró una contracción del 4,1 %. La utilización de la capacidad instalada subió al 51,7 %, por encima del 46,1 % del año pasado.
«Los números de la pequeña industria exigen atención y oxígeno fiscal de inmediato, pues sufrió una caída de 5,4 %», señaló el presidente de Conindustria. Mientras la gran industria creció 10,8 %, las empresas más pequeñas no han logrado sortear con éxito ni los excesivos tributos ni las fallas de los servicios públicos. El gremio enfatizó que el 70 % de los industriales considera que la carga impositiva es el principal factor que drena su flujo de caja, seguido muy de cerca por la crisis eléctrica.
De cara al cierre del año, los industriales proyectan un crecimiento de dos dígitos, estimado en 12,6 %, siempre que se logre un deslizamiento del crédito bancario y una mejora real en la provisión de energía. «La industria nacional está de pie, dispuesta a ser un pilar fundamental para levantar al país», concluyó López.
