Las declaraciones de Tibisay Lucena y Elvis Amoroso, los dos últimos presidentes del Consejo Nacional Electoral chavista, suenan más a una sentencia que a un anuncio: La famosa «tendencia irreversible» que ambos proclamaron en distintos momentos no era un vaticinio electoral, era una advertencia de que los resultados ya estaban decididos antes de que se contara un solo voto.
Ahora esa amenaza tiene una denuncia formal: la semana pasada, el presidente Donald Trump señaló que un informe de la CIA recaudó datos sobre cómo el régimen venezolano robó elecciones desde el año 2004.
Un informe con muchas páginas en negro
El primer detalle llamativo del documento es la cantidad de información clasificada que contiene, gran parte de su contenido fue redactada, lo que indica que la inteligencia estadounidense posee evidencia que por razones de seguridad nacional no puede hacerse pública en este momento. Lo que sí puede leerse, sin embargo, ya es suficientemente revelador.
El informe de la CIA describe cómo el chavismo construyó, a lo largo de más de dos décadas, una arquitectura de manipulación electoral que no se limitaba al conteo de votos. El fraude venezolano no fue un evento puntual ni una improvisación de última hora: fue un sistema diseñado, perfeccionado y ejecutado con la complicidad de las instituciones del Estado.
No es lo que te imaginas: más allá de las actas
El error más común al hablar del fraude electoral venezolano es reducirlo a la alteración de los números finales. La realidad documentada por la CIA es más compleja y, en muchos sentidos, más sofisticada. El régimen chavista no necesitaba siempre falsificar actas para ganar elecciones, tenía a su disposición una batería de mecanismos previos al día de votación que hacían que los resultados fueran favorables mucho antes de que los centros electorales abrieran sus puertas.
Entre esos mecanismos figuran el control absoluto del padrón electoral, con el uso del aparato estatal para presionar a los electores mediante el Carnet de la Patria, los programas sociales condicionados al voto y la amenaza de represalias laborales contra los funcionarios públicos. A eso se suma la inhabilitación arbitraria de candidatos opositores, que dejó sin representación a sectores amplios del electorado, y el control de los medios de comunicación, que garantizaba una cobertura absolutamente asimétrica a favor del chavismo.
Smartmatic y el punto de quiebre
El informe también documenta la relación del régimen con Smartmatic, la empresa de tecnología electoral que operó el sistema de votación venezolano durante años. La CIA señala que el chavismo utilizó el control sobre esta plataforma para desarrollar mecanismos que permitieran alterar resultados en procesos específicos, sin que ello dejara rastros evidentes en el conteo manual.
El informe adquiere una dimensión especial cuando se contrasta con lo ocurrido el 28 de julio de 2024, cuando Edmundo González Urrutia derrotó a Nicolás Maduro con una diferencia que la oposición documentó a través de las actas que sus testigos digitalizaran en casi todos los centros electorales del país, mientras que el Centro Nacional Electoral proclamó la victoria de Maduro y se negó a publicar los datos desagregados.
Aunque el informe de la CIA no incluye el 28J, sus hechos relacionados no fueron una anomalía: fue la primera vez en dos décadas que el sistema de manipulación falló de forma tan visible, precisamente porque la oposición había construido una estructura de testigos y documentación que el régimen no pudo neutralizar.


